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viernes, 25 de junio de 2010

LAS SACUDIDAS POLITICAS

LAS SACUDIDAS POLITICAS

Miguel Ángel Sandoval


En los últimos días hubo varios eventos que merecen al menos ser reflexionados pues hay el riesgo que entre gol y gol en estas fechas mundialistas, pasen desapercibidos. En este nivel se encuentran los cambios de varios ministros, y como no podría ser de otra manera, el viraje en relacion a la minería, con el cierre de la mina Marlin, en defensa de compromisos nacionales e internacionales claramente establecidos.


En efecto, luego de múltiples avisos se produjo la renuncia del ministro Juan Alberto Fuentes Knigth quien lo hizo después de varias intentonas en el impulso de la reforma tributaria que desde el inicio fue su imagen de marca, pero la incapacidad del ejecutivo y legislativo de impulsar esta urgente medida, más los ataques desde la oposición utilizando a los medios escritos, radiales y televisivos no lo permitieron.


En este caso, el señor de las finanzas opto por aceptar un cargo en la CEPAL ante la evidencia que en Guatemala el tema no se iba a mover y que solo reportaba desgaste político por gusto para él y para el gobierno. A todas luces una mala combinación. Esto se liga con la renuncia del ministro de minas e hidrocarburos después del cierre de la mina Marlin a demanda de la comisión interamericana de derechos humanos.


Todo ello en la parte declinante del mandato presidencial de Álvaro Colón y la UNE. Para diversos analistas los cambios son normales pues de manera general se producen a la mitad de los mandatos presidenciales y en nuestro caso con retrazo por los inconvenientes políticos de todos conocidos. No por esto se puede dejar de concluir que se trata de una minicrisis política, con elementos preocupantes pues no hay, aparentemente, salidas fáciles.


En el caso de minas e hidrocarburos, el tema reventó con la mina Marlin, y las muestras de contaminación por envenenamiento de aguas. Ello dio como resultado la demanda clara de la OEA para el cierre de ésta. Ahora se habla de los miles de empleos que se van a perder, pero fuentes consultadas me dicen que es una exageración pues los empleos solo se perderían después de un proceso que puede durar varios años.


Parecería que lo más delicado en términos financieros son las pocas divisas que se dejaran de percibir. Sin embargo con todas las divisas que temporalmente se pierdan, lo mas relevante es la defensa del orden jurídico, vale decir, la certeza jurídica que se retoma con esta medida pues no se puede dejar de reconocer que el estado de derecho vale en todas las direcciones, no solo en los casos que se afecta a empresarios que violan este orden, sean estos nacionales o extranjeros como es este caso.


En síntesis, no se trata de una crisis que ponga en solfa el sistema global del país, sino solo una de sus expresiones, que por cierto violentaba normas jurídicas nacionales, internacionales, de derechos indígenas colectivos y por supuesto de medio ambiente, que hoy por hoy están claramente reconocidos en la legislación nacional e internacional

viernes, 19 de junio de 2009

TIEMPO DE CHIPILINES?

Letra con Filo
TIEMPO DE CHIPILINES?
Miguel Ángel Sandoval.

De pronto aparecen opinadores que demandan el fortalecimiento del ejército y el combate al crimen organizado y al narco por la institución de los chipilines. Uno de los tantos opinadores, el “libertario” Zapeta, quien en un articulo de Siglo Veintiuno, dice como quien no sabe o no se acuerda, que el ejército fue reducido por culpa de los Acuerdos de Paz y un sin fin de cosas más, y que el ilustrado de Berger, con el apoyo del guerrillero de Stein, le dieron rienda suelta a la reducción del ejército para ahorrarse unos centavitos. Qué tal.


El punto es correcto pero descontextuado. Como resultado de los Acuerdos de Paz, hubo el compromiso de reducir el ejército, pero igualmente, de construir a cambio una estructura de seguridad que retomara las funciones que el ejército tenía y que no le correspondían. Y ello no tiene nada que ver con la idea de chafas y pachucos, que me parece demasiado superficial para tomar en cuenta.


Lo cierto del caso es que durante el conflicto armado, el ejército ocupó prácticamente todas las funciones de las instituciones civiles, llegando incluso a la organización de la constituyente, de las elecciones y de muchas cosas más. Ello correspondía a una ingerencia brutal en la vida ciudadana. Ni hablar de la violencia masiva y sistemática en contra de la población civil. Esto que se olvida está solidamente documentado en los informes del REMHI y de la Memoria del Silencio. Asimismo, se encuentra en los archivos de la ONU, y los archivos de los EEUU. Se trata pues de hechos absolutamente probados. Estas son las razones que llevaron a plantear la reducción del ejército, tanto en efectivos como en sus funciones.



Ahora resulta que los militaristas de toda la vida al unísono reclaman que el ejército vuelva a ser fortalecido, como si la única vía para mantener la seguridad fuera la de contar con un ejército grande, equipado y omnipresente. Creo que es la vía equivocada y creo además, que es la vía para nunca fortalecer la PNC y sus departamentos antinarcóticos y de investigación; asimismo, es la vía para no constituir un departamento de inteligencia civil que se encargue de las funciones que el ejército ha usurpado desde hace muchos años.



En suma, se está ante el riesgo de que el fortalecimiento de nueva cuenta del ejército nos dé cómo resultado el abandono del fortalecimiento de las instituciones civiles, que de manera deliberada se han dejado sin atención. No es algo menor, por esta vía estamos ante una disyuntiva de monta: o construimos una sociedad en donde el poder civil sea quien garantice la vida democrática, o nos corremos el riesgo de estar de manera permanente sentados sobre las bayonetas. Y no creo que en el fondo nadie quiera profundizar el tiempo de los chipilines.



Queda pendiente que el presidente Álvaro Colom entienda que se embarcó en canoa con hoyos, y que la apuesta a combatir el narcotráfico con chipilines, sin bien puede ser una salida emergente ante el desgarriate en que se encuentran las otras instituciones de seguridad ciudadana, no es para nada una salida ideal, ni mucho menos. Hace falta tomar en manos la reorganización de la seguridad, y con ello no se plantearía la necesidad de llamar de vuelta a los chipilines, dicho sea con todo respeto. No sea que el remedio resulte más difícil que la enfermedad.